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Angélica y Daniel, abandonados sólo por ser adultos mayores

Angélica y Daniel, abandonados sólo por ser adultos mayores

Se acomoda el sombrero, arregla sus plateados cabellos, se mira al espejo en el que se ven las líneas del tiempo en su rostro, y con una sonrisa pide que se la espere en el jardín. Su paso es lento y a pesar de ello se apresura, aún no usa bastón, pero se apoya en las paredes. Ella es doña Angélica Mamani viuda de Galarza, una tarijeña que sólo por ser de la tercera edad fue abandonada por sus vecinos y olvidada por su única hija.

"Me he quedado sola, mi mamá ha fallecido, mi hermano gemelo murió de un paro cardiaco... (llora por unos minutos), tengo una hija, pero es como si no tuviera porque nunca viene a verme”, dice doña Angélica, que tiene 81 años.

Vestida con ropa abrigada y una pollera hasta las rodillas doña Angélica cuenta cómo llegó al hogar de adultos mayores María Esther Quevedo, dependiente del Sedeges de la Gobernación paceña. "La vecina me invitó un café con pan en su casa, ‘pobrecita’ me dijo; al salir estaba la junta de vecinos y me dijeron: ‘Has caso, estás mal, andate por favor, ya tienes 66 años haznos ese favor’. No pude responder. ‘Estamos viendo tu pie, mirá cómo estás, te vamos a llevar a un hogar, para mañana queremos que estés lista”, recordó.

Los pies de doña Angélica estaban hinchados porque ella lavaba con los pies entre 10 y 20 frazadas por día en el río, resultado de su actividad le diagnosticaron reumatismo. No obstante, ella hacía eso para mantenerse. Firme y sin perder la dignidad, la tarijeña decidió irse ese mismo día de la zona donde vivió la mayor parte de su vida, Vino Tinto.

"He agarrado mis ropas, mis cositas y me he venido solita; en el Sedeges han estudiado mi caso, comprobaron que no tengo a nadie y me aceptaron”, cuenta, mientras mira las flores rosadas del jardín que tanto le gustan.

Angélica nació en Tarija y vivió ahí hasta sus 20 años, llegó a La Paz, se casó a los 22 años y tuvo 12 hijos que murieron cuando eran niños; de éstos sólo una queda con vida, Nora. "Se ha ido a Argentina y ha vuelto casada con seis hijos. Dijo que me va a mandar encomiendas, que va a venir, pero no”, lamentó.

La única que viene la visita es Felicidad, su sobrina, que celebró su cumpleaños número 81 el 2 de agosto. "Me ha regalado una rosita, me ha abrazado y me ha cantado feliz cumpleaños”, manifiesta con alegría.

Daniel fue echado de su casa

Tranquilo y tomando el sol en predios del hogar Quevedo, don Daniel Miranda de 75 años de edad habla con sus compañeros y escucha los éxitos del ayer. Él afirma que fue echado de su casa por su cuñada. "Ella quiso que cuide a sus hijos, pero dije que no, después me ha dicho que recoja mis cosas y me ha botado de la casa. Así que un amigo me dijo que venga aquí y ahora estoy mucho mejor, pero nadie viene a verme, se han olvidado de mí”, asegura.

Él vivía en Miraflores con su familia, pero con el pasar del tiempo sus seres queridos fueron falleciendo: sus padres, sus tíos, su madrina, su hermano mayor y su abuelo. "Me quedé solo”, dice. Luego se casó con Alicia, con quien tuvo seis hijos, cinco mujeres y un varón, Héctor. "Los crié con mucho cariño, trabajé por ellos, les hice estudiar, les di todo, pero a uno le pagan mal”, dice y baja la mirada.

Don Daniel afirma que sus hijos decidieron mudarse de casa para vivir en El Alto, luego cada uno hizo su vida, no sabe si tiene nietos o no, de su esposa lo único que recuerda son sus ojos. "Saben donde estoy, pero ni me llaman ni me visitan”, reclama.

A pesar de todo, el adulto mayor mantiene su dignidad y dice que es mejor estar en el hogar donde tiene su espacio como persona y realiza actividades, que estar en una casa donde es invisible para sus familiares.

Cumplió 75 años el 1 de julio y los funcionarios del hogar y sus compañeros le cantaron feliz cumpleaños y comió timphu, su plato favorito. "Ellos son mi familia ahora”, afirma.

Al igual que Angélica y Daniel hay otras 31 personas de la tercera edad en el hogar que fueron olvidadas por quienes más amaron en sus vidas. El trabajo, los hijos, el dinero, el no tener tiempo, el estar fuera del departamento o del país son disculpas o pretextos que sus hijos repiten a sus padres. "Somos un estorbo en sus vidas, no nos cuidan con el amor que les dimos, nos lastiman y nos matan en vida”, manifiesta don Daniel, quien dice que a pesar de todo la vida sigue.

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