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Pacientes viajan hasta 12 horas para llegar a un hospital en Beni

Pacientes viajan hasta 12 horas para llegar a un hospital en Beni

"Cuando la enfermedad se complica, no hay más que ir a Trinidad”, señala Milena Chamo sentada en un pasillo del hospital municipal de primer nivel San Juan de Dios, del municipio beniano de Reyes. El piso del nosocomio está lleno de rastros de agua y lodo arrastrados desde las calles, intransitables después de la lluvia.

"¿Se imagina usted, si así está el pueblo, cómo estarán los caminos? De aquí hasta Trinidad son 12 horas de viaje, si es que hay paso. Así tenemos que salir con nuestros enfermos”, lamenta.

Muchos pacientes de Rurrenabaque y Reyes, en Beni, deben viajar hasta 12 horas para llegar a un hospital de tercer nivel. En la región hay tres nosocomios nuevos de segundo nivel que aún no entran en funcionamiento.

A unos 40 minutos de viaje de Rurrenabaque -el acceso aéreo más cercano- está el municipio de Reyes. Tiene más de 17.000 habitantes y 55 comunidades indígenas a lo largo de un territorio que se extiende en las riberas del río Beni, lo que hace su integración muy compleja. La última comunidad dista 500 kilómetros del Centro Médico Municipal, aunque en el camino hay varias postas de salud.

Cada tres meses un grupo de médicos -de los seis que trabajan en el hospital de Reyes- se embarca en un bote y se interna en el cause del río para llevar la atención necesaria a esas comunidades. Siempre y cuando sea posible.

"La única vía es el río. En época de lluvias las comunidades se inundan y en sequía es muy difícil entrar por tierra y el lodo. En ambas situaciones los pueblos indígenas quedan aislados”, asegura el alcalde de Reyes, José Roca.

El centro de salud está distribuido en bloques de una sola planta que reciben cerca de 6.000 habitantes del área urbana del municipio. Las salas de mujeres y hombres apenas tienen seis camas, tres en cada ala.

Como todo el municipio, el centro médico no cuenta con servicio de agua potable. El líquido es obtenido de un pozo y almacenado en un tanque elevado. Todos los días, el contenido es hervido en ollas gigantes para usarlo para las comidas y bebidas de los pacientes; además, para el lavado de sábanas y baterías sanitarias.

La sala en la que hasta hace meses funcionaba un telecentro ahora está vacía. "Un día el personal renunció y se fue”, explica el director del nosocomio, Heine Driu.

No hay especialistas, todos son médicos generales. "Pero cada uno ya tiene formación para pediatría, cirugía u otros, y así solucionamos muchas cosas. Cuando ya no podemos, acudimos a otros hospitales”, añade el galeno.

Los pacientes con desnutrición son de los casos que deben ser derivados. Dependiendo de su estado de salud irán a Rurrenabaque o a Trinidad.

"Por la cercanía el hospital de Rurrenabaque es la referencia no sólo del Beni, sino de San Buenaventura y otras poblaciones de La Paz, de allí llegan los pacientes. Es un centro de primer nivel pero atendemos en cuatro especialidades, lo que nos da la catalogación de segundo nivel pero aún no nos dan la acreditación”, dice la coordinadora Safsi de Rurrenabaque, Delia Narroso.

El nosocomio atiende a pacientes de 80 comunidades de las 120 del municipio. A ellos llegan con el Proyecto Mi Salud de atención puerta a puerta.

En sus visitas, en coordinación con la Unidad de Nutrición Integral implementada con apoyo de Unicef, los galenos identifican mayormente problemas de nutrición y enfermedades diarréicas agudas en las comunidades.

Los enfermos delicados son trasladados al hospital de Rurrenabaque. Si es preciso, de allí los derivan a Trinidad, donde está el único nosocomio beniano con capacidad y equipamiento para tratar casos de desnutrición grave.

El nosocomio de tercer nivel capitalino está a 12 horas de viaje por tierra de la mayoría de las comunidades. "El camino es largo y cuando llueve, simplemente no hay paso. Si es urgente, el paciente debe salir en avión; pero estos casos son de familias pobres, sin recursos”, dice Narroso.

En la región hay al menos tres hospitales de segundo nivel que no funcionan. "Tenemos uno en San Buenaventura, cruzando el río, que ya está terminado pero no está activado. Hay otra infraestructura en Reyes que tampoco funciona”, expresa. A ellos se suma uno construido en Riberalta, que el Gobierno proyecta que sea de tercer nivel.


En la lucha contra la desnutrición

A pesar de las carencias, los galenos y enfermeras se dan modos para brindar atención en los hospitales de Reyes y Rurrenabaque. La sala de partos y el quirófano en ambos centros están impecables. Y cada uno, con apoyo de Unicef, ha implementado una Unidad de Nutrición Integral para disminuir la desnutrición.

Durante el mes de febrero los centros de Reyes y Rurrenabaque han captado ocho casos de desnutrición, cuatro cada uno. El problema mayor está en las comunidades por la deficiente alimentación y la falta de acceso a agua potable y saneamiento.

"En las comunidades hay varios casos que ya son parte de su forma de vida”, señaló el director del hospital de Reyes, Heine Driu. El nosocomio identificó a una niña de la etnia Eseeja en grave estado de desnutrición, que fue derivada a Rurrenabaque y de ahí a Trinidad.

El secretario edil de Salud de Rurrenabaque, Cecilio Cansa, dice que el 70% de los niños del área rural de su municipio presentan algún nivel de desnutrición. "Estamos trabajando para solucionarlo, pero nos faltan recursos”, asegura.



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