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El día que Bolivia cayó en manos del fascismo

El día que Bolivia cayó en manos del fascismo

La Paz, 23 de ago. En horas de la noche del 21 de agosto de 1971 acabaron los disparos de la resistencia al golpe por parte de efectivos del Batallón Colorados, en La Paz; trabajadores y universitarios se habían replegado luego de enfrentar al mismo enemigo, el silencio en las inmediaciones de la plaza Murillo sólo se interrumpía por el ruido de las pisadas de algunos caminantes sobre vidrios rotos por la soldadesca, unos conscriptos fusiles en bandolera entraban a un cuartel luego de la refriega de toda la tarde y parte de la noche, una radioemisora privada (callaron a la radio Illimani del Estado) informaba de que el ‘General del Pueblo’, Juan José Torres Gonzales, con familiares suyos y algunos de sus ministros, partió rumbo al Desaguadero, camino al exilio en Perú.

El triunfo de ese golpe costó muchas vidas, cuyo número nunca pudo establecerse con precisión, aunque algunos se animaron a sostener que eran más las bajas del Ejército golpista respecto de los de la resistencia civil y, en una pequeña parte, militar. El 22 (agosto 1971), en la plaza de San Francisco de La Paz, un grupo mermado de gente saludó la victoria de Banzer, es decir, del fascismo. Un dirigente sindical fabril, Francisco Mercado, miembro de la COB, fue el orador principal y dijo que con Banzer se acabarían el “caos y la anarquía” protagonizados por los que, desde la Asamblea del Pueblo, pretendían sovietizar Bolivia. Un rumor difundido por los golpistas fue que Bolivia, con Torres en el gobierno, corría el riesgo de convertirse en un país soviético: socialista y comunista.

El 19 de agosto de aquel año, en Santa Cruz, empezó la acción de fuerza de Banzer con el apoyo de falangistas y movimientistas. Allí los conjurados tomaron a sangre y fuego el edificio principal de la Universidad Gabriel René Moreno, uno de los pocos bastiones de la resistencia antigolpista y, con seguridad, el principal. Ese día cayeron varios estudiantes, empleados de aquella casa de estudios (como Ángel Gómez y, entre muchos otros más, el profesor Paz (...) Se contó esos días con el pueblo en las calles, pero sin armas; dispuesto a la defensa del gobierno de Torres y en contra del fascismo, pero desunido, desorganizado, con mucho corazón pero sin la capacidad militar como para enfrentar y derrotar a los conjurados contra los intereses populares (...)

En los años 70 del siglo precedente se definía a Nuestra América como un “Continente en llamas”. Se abrían paso procesos populares y con ciertos rasgos antiimperialistas que alentaban al menos una aproximación a la segunda y definitiva independencia, todavía pendiente.

El 21 de agosto de 1971 se impuso en Bolivia una dictadura fascista, cuya filiación fue puesta en duda, también desde la izquierda, sobre todo en países vecinos. Ese elemento al menos provocó desazón en las filas de la resistencia boliviana al régimen dictatorial que empezó a organizarse desde el momento de la derrota del pueblo.

Especialmente en Chile, militantes de la Unidad Popular y otros distantes de ese frente, pero igualmente de izquierda, gritaban que en “Bolivia se cayó, porque el pueblo no se armó”. Lo que era cierto, más allá de que ni siquiera los que hablaban hasta la saciedad de una salida armada en el país no se habían armado, lo que se constató los días del golpe banzerista.

Luego de la derrota de la Unidad Popular y de la muerte de Allende y, con él, la de tantos revolucionarios chilenos asesinados, desaparecidos, torturados hasta la muerte… Cuando Fidel, ante una concentración multitudinaria de cubanos, rindió homenaje a los caídos en Chile en defensa de las conquistas populares y, especialmente, al presidente Allende, a propósito del pueblo y de las armas, habló de una lección que no se la debe olvidar porque se la manifestó, sin duda alguna, con vistas a los caminos que seguirá la segunda y definitiva independencia de esta parte del mundo.

Fidel dijo: “Y una lección que hay que sacar de este ejemplo chileno es que con pueblo sólo no se hace la revolución: ¡hacen falta también las armas! (…) Y que con armas sólo no se puede hacer la revolución: ¡hace falta también el pueblo! (…)”

Los documentos desclasificados, que dejaron de ser secretos en Estados Unidos, dan cuenta de que las conspiraciones internas contra los procesos chileno y boliviano de los años 70 del siglo anterior, entre los otros, recibieron apoyo político y recursos económicos del país del norte. Por eso la broma que, sin embargo entraña una certidumbre, cabe repetir en este espacio: en Estados Unidos no hay golpe de estado porque allí no hay Embajada yanqui.

Y otra lección que debemos aprender los bolivianos de la derrota del gobierno de Torres y el ascenso del fascismo al poder en Bolivia es que aquí, como corresponde hacerlo con vistas al proceso actual, debemos defender, consolidar y profundizar los cambios de ahora para lo que necesitamos más unidad, más organización y más conciencia del pueblo. (Fragmentos de la publicación electrónica Sábado a Sábado)


La condena a tres asesinos no es suficiente, comparada con el sufrimiento que causaron a sus víctimas y a los familiares de ellas.
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